Dice por ahí Deleuze que el poema-arqueología (que representaría
para él la condensación más hermosa a la que arribó el trabajo
político-intelectual de Foucault)
se constituye en
“...todos los registros de multiplicidades, pero también en la
única inscripción de lo que se dice, en relación con los acontecimientos, las
instituciones y todas las demás prácticas. (...) Lo esencial es haber
descubierto y recorrido esa tierra desconocida en la que una forma literaria,
una proposición científica, una frase cotidiana, un no-sentido esquizofrénico,
etc., son todos ellos enunciados, sin embargo, sin común medida, sin ninguna reducción
ni equivalencia discursiva”
Gilles Deleuze. Foucault. 1991. Pag. 46
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